El texto original fue escrito el 29 de mayo del 2010
Abro mis ojos lo más que puedo, pero aun así, no puedo verlo. ¿Dónde está? Ha desaparecido de un segundo a otro, después de un violento remezón. No, no lo encuentro, pero es imposible que se haya ido.
Lo siento, si no estuviera no podría estar de pie. Miro lo más atentamente posible, ¿dónde está? El piso ha desaparecido… ¿Y las paredes? No es posible, deben estar allí, en alguna parte… lo sé.
Es extraño, no veo ni paredes ni piso, ni techo ni límites, aun así, no estoy cayendo. Es una sensación liberadora… ¡Soy libre! Libre, libertad, puedo volar… volar… ¿Volar a dónde? ¿Volar junto a qué bandada de pájaros? No veo nada… Ni piso, ni techo, ni cielo, ni tierra, ni gente, ni soledad. Ni oscuridad ni luz. ¿Dónde estoy? Aquí. ¿Aquí dónde? No lo sé.
Debo bajar, o debo subir, a algún lado, rápido, antes de que me convierta en lo que veo. No sería tan malo convertirme en eso, ¿o quizás sí lo es? Aferrarme a algo tal vez. No, eso es lo que me llevó a esto, pero si no me aferro, me atrapará. Aférrate, aférrate. ¿A qué? ¿A mí misma? Aferrarse no es bueno.
Toma lo que tienes, con tus manos crea algo. No veo mis manos… ¡ah! Aquí están. Tomaré la nada y la convertiré en todo. Estoy rodeada de todo, pero no veo nada. ¿No lo ves? Todo eres tú. Eres todo lo que te rodea, estás saturada de todo. Todo, sí, todo está aquí. Cierro mis ojos, lo más que puedo, y ahora puedo ver. Puedo verme a mi misma, ahora veo todo. Soy piso, soy techo, soy cielo, soy tierra, soy gente, soy soledad. Soy oscuridad, soy luz. No podré huir de este paisaje nunca más, este, mi extraño paisaje.
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